Quizás empiezo a perder el rencor hacia historias pasadas cuando vuelvo a leerlas y duelen menos.
Creo conocer
hasta el último rincón de tu mente,
hasta la última esquina de tu piel.
Creo saberme de sobra
la historia de tu cuerpo,
la ciencia de tus besos,
el arte de tu sonrisa asimétrica.
La geografía de tu cuello,
porque son islas tus lunares,
formando archipiélagos con los míos.
En el mar de tu garganta
siento que me pierdo,
como náufrago atrapado
entre la inmensidad del agua y del cielo.
(Porque al fin y al cabo es eso;
inmensidad, intensidad
que tienen los corazones que naufragan
por el océano Vida).
Creo conocerme bien
la astronomía de tus ojos,
los reconocería en cualquier constelación.
(Ahora no diré creo,
diré que sé que me equivoco.
Sí, lo sé, y también sé
que sabiendo se arriesga más que creyendo,
pero prefiero saber
de mis errores antes que creer
en ellos.)
Sé que no conozco
todos rincones de tu mente,
ni todas las esquinas de tu piel.
También sé que no soy una licenciada
en todas las ciencias que podrían estudiarse dentro de tu anatomía.
Sé aue no soy la que mejor te conoce,
que soy la que -a veces- no te reconoce,
la tonta que -aún- te desconoce,
y la que se creía sabia de ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario