domingo, 2 de julio de 2017

Huele a humo.




Quien diga que no conoce
el peso de una madrugada sobre la espalda,
es porque no conoce tu guerra,
o lo que conlleva estar en tierra de nadie
arriesgándolo todo,
o alzar la bandera en carne viva
sobre palabras muertas.

Quien no haya abrazado al miedo
sin mirarlo a los ojos,
sin pensarlo dos veces
(o sin pensarlo ni una vez),
no te conoce;
ni tu cara, ni tu nombre,
ni siquiera el rastro de tu triste sombra,
ni lo poco que conoces tu propia guerra.

Quien consiga estar
totalmente cuerdo
durante toda su existencia,
es porque no conoce
los límites de mi conciencia,
o es incapaz de imaginarse
lo mordida que está
durante tu guerra anónima y cobarde.

Quien no haya estornudado
una segunda vez
después de la primera:
no es de fiar,
pero seguro que tiene más lógica
que tu absurda guerra.

Sangrienta
porque irremediablemente es guerra.
Y absurda
porque no sabes a dónde irá a parar
el río de tu sangre.
Cómo iba yo a seguir el rastro de algo que no es mío
si tiene forma de río
pero no definición.

Ha vuelto oler a carne de cañón en llamas,
y te aseguro que sólo
una mínima parte es mía,
así que cúrate.

O haz lo que te de la gana.

Porque la diferencia entre estar
contigo o en ti,
es una pregunta existencial
sin respuesta;
nacer, crecer, reproducirse,
apostar por ti y morir.

miércoles, 6 de julio de 2016

"Be here now" o aquí y ahora.




Una foto en blanco y negro.
Y tú tan azul eléctrico que tienes chispas en las venas.
Y yo como el rojo que hierve en la sangre.
¿Lo hueles?

Te estoy llamando y no suena ningún teléfono,
te estoy llamando y no suena ninguna voz,
te estoy llamando y suena el ruido más fuerte;
el silencio que habla por los dos.
¿Me oyes?

Al amante del "hoy" no le gusta ese tipo de arte,
quedar capturado en un instante
permanecer ahí,
permanecer en varios sitios a la vez,
como el secreto que "guardan" dos niños pequeños,
impredecible pero cierto.

Señalar con el dedo corazón al artista que (se) hace arte,
como mejor he visto a alguien hacerlo,
de manera inconsciente,
con el privilegio de tener las cosquillas revueltas entre las costillas.

Señales, huellas a las dos menos diez de una madrugada.



miércoles, 27 de abril de 2016

A(prender).


Aprender a hablar de ti.

Llegar a hacerlo como te merces,
cuando los gatos aprendan a bailar
pisándose los pies,
cuando los perros aprendan a tocar
los pocos acordes de guitarra
que a ti te bastan para hacerme bailar.

Aprender a no seguir la corriente:
mirarte a la cara y decírtelo a los ojos.

No ser fecha, porque ni ser tiempo.
Pero por si algún día,
incierto de tus principios,
crees en el tiempo;
pregúntate cuánto tardamos en recorrer tu pasillo,
y si no encuentras respuesta,
pregúntate cuántas veces fuimos capaces de
no sentir los pies en tu pasillo,
y si no me ves dispuesta
a responderte;
pregúntate por mí
o por mis alas,
las que algún día dejé en tu pasillo.

Aprender a hablar de libertad
como buenos hipócritas.

Aprender que no hay meta más alta
que la de quitarle al reloj
la importancia que el resto le da.

He visto más chispas en ti
que en cien apagones eléctricos.
Me estoy quemando con tu luz porque quiero.


viernes, 8 de enero de 2016

Huele a mojado.






Cualquiera diría que nací ayer
si me escuchara llorar como un recién nacido en los brazos de su madre,
cada vez que la nostalgia
viene a inundarme.

(Y suerte que tengo la caja esta que palpita impermeable ante este tipo de inundaciones).

Planteándome 80 maneras de jugársela al tiempo,
me ha vuelto a vencer
justo en el momento en el que intentaba ser un "hoy" por completo.
Porque fui tanto
-que en realidad soy-
que se me corta la respiración
cada vez que flotan recuerdos
que traen consigo una revolución.

Fui (y soy siendo) el mar en invierno,
la risa a carcajadas con la seriedad
de la mano,
la piel erizada,
más piel erizada
y el color rojo.
Y 80 mil trozos de mí más,
que terminan de completarme.

Yo que sé. Cacao mental,
que más que a chocolate
me huele a tierra mojada.
No lo sé. Tormentas.
Quién sabe.
Borrascas,
de esas que les ha faltado a este invierno,
porque estaban por aquí
de guardia
en mi cabeza.

Ah, y mentí.
Aquello que palpita lo tengo
cerrado por inundaciones.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Precipitaciones.

   






              Hoy se me han vuelto a congelar las puntas de los dedos.

Hoy he sentido frío -y no era ese frío que conocen como el descenso de temperatura-,

hablo del verdadero frío, de sangre circulando por circular,

de mover los pies por caminar

sin rumbo fijo,

y no por llegar tarde a algún sitio.

Hoy he tropezado y no ha sido por inercia,

era caída libre,

por elección propia y sin sentido,

pero es que necesitaba tocar el suelo por puro placer

para recordar

que estar en las nubes no es para tanto

como dicen,

si acaban en el suelo en forma de lluvia.

Que yo no quiero más lluvia que la que empapas mis dudas,

no quiero más dudas que las que tengo esperanzadas,

ni más esperanza que la de esperar un invierno sin frío en exceso,

y todo se basa en eso,

caer por el propio peso

de mí misma, o lo que es lo mismo;

morir de frío durante segundos, 

y que tiritando me recuerde que sigo viva.

martes, 7 de julio de 2015

A(firmando)



Es como un "firme aquí"
pero más que firmar
es afirmar;
asintiendo con la cabeza,
o con el corazón,
o con cualquier cosa que se puede manejar en ambas direcciones:
arriba y abajo,
al centro y directo.

Siempre he tenido pendiente una conversación con quien dijo que firmar era con bolígrafo.

He sentido cómo firmaba contratos y matrículas
donde se hablaba de la piel,
y de clavículas.
La letra pequeña no se leía,
se rozaba con la yema de los dedos.

Otros tantos papeleos trataban de abrazos
que abarcan espaldas de arriba a abajo,
y sí, es una bonita forma de asentir.
También de sentir.

Pero ahí están los que solo saben firmar con bolígrafo.
Y luego son los que lo hacen todo a tinta y borrones,
irónico, ¿verdad?
Pues como todo.

Arriba, abajo,
al centro y directo
(a donde sea).

miércoles, 27 de mayo de 2015

Reconociendo con h.






- Hipócrita yo no.-
dijo desde sexto piso el suicida
abriendo el paracaídas.

Hipócrita
el violinista en tu tejado.
Los gatos se han quejado
de la mala suerte que les trae su pelo negro,
ese del que tanto presumen.

Hipócrita de verano,
los que no miden el tiempo,
miden la intensidad de los momentos.
Pero que al fin y al cabo llevan un reloj de  muñeca
tras la mano.


Hipócritas de invierno.
Lo que para uno es frío,
para el otro es tierno.
Quien quiera mejorar las cosas
que empiece por levantar la vista.
Mira alrededor
sin buscar las pistas.
Que el juego sería sencillo sin hipocresía
pero aquí todos miramos antes a nuestro ombligo.
Por eso no agaches la cabeza,
levántala sin vergüenza.

Dale la mano a la realidad
y no hagas juegos de palmas a sus espaldas,
que las espaldas fácilmente se arañan.


Hipócrita
la noche larga
cuando quiere ver al día.

Hipocresía la mía
y la de todos
y la de cada día.