lunes, 27 de abril de 2015

360 grados.



Empiezo a cogerle el gusto a esto de arrastrarme.
Metafórica y literalmente si hiciera falta.
Hasta que me sangraran los brazos de no abrazarte,
los labios de tanto no besarte.
Aún estaría dispuesta a recuperar el tiempo en el que la única pintura que llevaba en los labios era tu propia saliva.
Quiero volver.
Que me sujeten,
porque estoy dando media vuelta y ya voy por los 90 grados del giro.
Y sé que alcanzaré la gloria en los 180,
sin premios,
ni medallas,
ni matrículas de honor,
eres la cima.
Y cuando llegue, sé
que me voy a caer
y me voy a abrir la cabeza,
volverán a desencajar mis piezas
y llegaré a los 360 grados,
que no serán más que la suma de los grados de alcohol
de las botellas de vodka en desamor,
y el punto desde donde volví a empezar.

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