Hoy he sentido frío -y no era ese frío que conocen como el descenso de temperatura-,
hablo del verdadero frío, de sangre circulando por circular,
de mover los pies por caminar
sin rumbo fijo,
y no por llegar tarde a algún sitio.
Hoy he tropezado y no ha sido por inercia,
era caída libre,
por elección propia y sin sentido,
pero es que necesitaba tocar el suelo por puro placer
para recordar
que estar en las nubes no es para tanto
como dicen,
si acaban en el suelo en forma de lluvia.
Que yo no quiero más lluvia que la que empapas mis dudas,
no quiero más dudas que las que tengo esperanzadas,
ni más esperanza que la de esperar un invierno sin frío en exceso,
y todo se basa en eso,
caer por el propio peso
de mí misma, o lo que es lo mismo;
morir de frío durante segundos,
y que tiritando me recuerde que sigo viva.

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