domingo, 1 de noviembre de 2015

Precipitaciones.

   






              Hoy se me han vuelto a congelar las puntas de los dedos.

Hoy he sentido frío -y no era ese frío que conocen como el descenso de temperatura-,

hablo del verdadero frío, de sangre circulando por circular,

de mover los pies por caminar

sin rumbo fijo,

y no por llegar tarde a algún sitio.

Hoy he tropezado y no ha sido por inercia,

era caída libre,

por elección propia y sin sentido,

pero es que necesitaba tocar el suelo por puro placer

para recordar

que estar en las nubes no es para tanto

como dicen,

si acaban en el suelo en forma de lluvia.

Que yo no quiero más lluvia que la que empapas mis dudas,

no quiero más dudas que las que tengo esperanzadas,

ni más esperanza que la de esperar un invierno sin frío en exceso,

y todo se basa en eso,

caer por el propio peso

de mí misma, o lo que es lo mismo;

morir de frío durante segundos, 

y que tiritando me recuerde que sigo viva.

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